En Madison Square Garden, el jueves, dos pantallas digitales colocadas en el lateral del estadio mostraron un anuncio de Nike con la figura de Jalen Brunson, estrella de los New York Knicks, acompañado por la frase “TOO MUCH TO PROCESS”. La imagen había empezado a circular en redes tras el barrido de cuatro partidos de los Knicks sobre Philadelphia 76ers, como una broma con intención de provocar a los Sixers y, en particular, a Joel “The Process” Embiid. Pero con New York arriba 2-0 en las Finales de Conferencia del Este, el mensaje también funciona como un desafío directo para Cleveland Cavaliers.
Después de que los Cavaliers desperdiciaran una ventaja de 22 puntos en el cuarto período del juego 1 de la serie, el ala Dean Wade dejó una idea clara: “Creo que nuestro process fue el correcto esa noche”. Al día siguiente, el entrenador Kenny Atkinson reforzó el mismo argumento y sumó un dato interno: los Knicks, según sus mediciones, estuvieron en el primer percentil de calidad de tiro. Y luego de lo ocurrido en el juego 2, cuando Cleveland terminó 9 de 35 en triples—incluyendo 2 de 12 en lanzamientos considerados “abiertos” (con el defensor más cercano a 4 a 6 pies) y 6 de 19 en tiros “muy liberados” (el defensor más cercano a más de 6 pies)—en una derrota 109-93, el discurso se mantuvo intacto: process, process, process.
Desde la mirada de Cleveland, la serie no está mal por cómo “jugaron”, sino por cómo “tiraron”. En especial, remarcan lo sucedido después de los primeros tres cuartos del juego 1. Para sostener la idea, el planteo gira alrededor de las fallas: se mencionan 14 misses de Cleveland en el juego 2, como ejemplo del tipo de noche que no quieren que se vuelva la norma.
Para los Cavs, además, el contexto no es tan dramático. Ya habían perdido los dos primeros partidos de su serie de segunda ronda ante Detroit Pistons, y en playoffs—en condición de local—llegaron al 37,6% desde el perímetro. Sam Merrill y Max Strus son tiradores de alto nivel, y la expectativa es que no repitan un acumulado combinado de 1 de 11 desde la línea de tres el sábado. En la liga todos saben que los triples tienen una cuota grande de variación: pueden entrar o salir sin que necesariamente haya un cambio proporcional en el trabajo defensivo o en el diseño ofensivo. Por eso, los entrenadores insisten con la misma filosofía: si confiás en el proceso, los tiros llegan a premiarte con el tiempo.
Ese argumento, sin embargo, no elimina el área gris que también admite Atkinson. Antes del juego 2, al hablar de la estrategia defensiva para frenar a Brunson, el DT lo puso en términos de decisión: “Esto es un dilema real en la dirección, pero creo que hay un punto en el que tenés que decir: ‘Bueno, los números no significan tanto ahora; tenemos que hacer algo distinto’”. Esa postura no está tan alejada de la metáfora que ofreció Josh Hart sobre los análisis una vez terminado el juego: “Llega un momento en que se vuelven como un farol para una persona borracha: podés apoyarte en eso, pero no te va a llevar a casa. En algún punto, tenés que tener buen instinto del juego”.
En cada partido, la muestra es pequeña y los tiros de alta varianza se comportan como tal. Reconocerlo no significa, claro, que un equipo pueda encogerse de hombros cuando el aro no acompaña. Durante años, el entrenador de Oklahoma City Thunder, Mark Daigneault, insistió en que la ofensiva tiene que fabricarse: meterse al pintura, forzar la línea de libres, provocar pérdidas y pelear rebotes ofensivos para volver a atacar. No quiere que dependan de “tiros de salto” y de que todo sea “hace o no hace”, es decir, una estructura demasiado dependiente del porcentaje. Atkinson no trabaja con un plantel hiperatlético ni con perfiles de defensa élite en cada puesto, pero entiende que aguardar simplemente a que mejoren los porcentajes no alcanza como plan.
“Sabíamos que antes de esta serie teníamos que meter triples”, dijo Atkinson. “Eso es parte de todo. Pero también tenemos que encontrar maneras de llevar a nuestros pívots más cerca del aro, conseguir más tiros libres y, probablemente, atacar más hacia adelante en transición, con más ‘downhill’”.
Si Cleveland mantiene un buen nivel en el resto de los rubros, podría amortiguar una noche fría y ganar el juego 3 de la forma menos linda: “ganar feo”. La realidad, no obstante, es que todo se vuelve más sencillo cuando aparece el ritmo. “Es difícil cuando no estás metiendo tiros, y eso te pone el doble de presión defensivamente”, explicó Harden. Perder el juego 1 dolió porque en esta etapa de playoffs los márgenes son mínimos y no porque exista una brecha enorme de talento entre Cleveland y New York. Los Cavs pueden sentirse respaldados por cómo están jugando aun estando 0-2 abajo en el marcador, pero también saben que el margen de error es chico. Si el desenlace fuera un 3-0, entonces el debate sobre la calidad de tiro dejaría de tener la misma utilidad: nadie quiere escuchar “process” cuando la serie se cae.