Thunder sigue al futuro: cómo aseguraron a Ajay Mitchell por 3 años

ByMartín Gutiérrez

May 10, 2026

En términos matemáticos, la mayoría de quienes están leyendo esto seguramente son hinchas de alguna de las 29 franquicias de la NBA que intenta, y casi siempre no logra, seguirle el ritmo a Oklahoma City Thunder. En esta ocasión, la referencia es el cachetazo de segunda ronda frente a Los Angeles Lakers y, de paso, la preocupación por el ascenso del escolta de segundo año Ajay Mitchell.

Tras tres partidos, el rendimiento de Mitchell, medido en números, está a la altura del vigente MVP Shai Gilgeous-Alexander: convirtió un punto menos que SGA, pero con tres intentos menos y además sumando tres asistencias más. Las comparaciones con Jalen Brunson —que ya venían apareciendo— empiezan a volverse cada vez más razonables. Claro, uno piensa con ironía: “Listo, encontraste otro posible estrellón”.

Pero el hincha avezado del básquet moderno sabe que esto no se resuelve solo con encontrar talento. Entiende lo que complica el armado de planteles: “Sí, lo hallaron… pero no van a poder retenerlo con el segundo ‘apron’ y la obligación por lujo acechando”. Entonces uno busca el contrato, por ejemplo en Spotrac, y ahí salta el dato que obliga a replantearse todo: tres años por 9 millones de dólares. ¿Cómo hicieron esto, otra vez? No solo detectaron una joya desde abajo de la alfombra: también se adelantaron al resto y se aseguraron un compromiso de largo plazo antes de que el mundo terminara de darse cuenta de lo que tenían.

El “truco” de Presti y la mecánica de cap que lo aseguró

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿cómo se dio? A esta altura, probablemente no sorprenda que Sam Presti sea muy bueno en lo que hace. Entre sus fortalezas, Oklahoma City se destaca por una gestión de contratos finísima. Para asegurar a Mitchell, el Thunder recurrió a una variante de la táctica que viene aplicando a varios de esos descubrimientos de bajo perfil que luego se vuelven apuestas ganadoras. La clave está en entender la ingeniería salarial que terminó atándolo a un acuerdo que hoy luce como de los mejores de la liga.

De la ruta europea a la estructura del Thunder

Ajay Mitchell fue elegido en el puesto 38 del Draft de 2024. Sin embargo, ese número no alcanza para describir lo atípico de su camino. Creció en Bélgica, luego se mudó a Francia, y tuvo un paso breve por allí jugando junto a Victor Wembanyama. Después, disputó apenas dos encuentros con el primer equipo de Limburg United en Bélgica. Desde esa etapa, el salto fue a UC Santa Barbara, un lugar que no se caracteriza por ser un gran “semillero” de NIL (por lo menos, no al estilo de los gigantes). Allí fue creciendo hasta transformarse en un jugador destacado en la Big West, aunque igual se trata de una conferencia que no siempre está en el radar masivo. En el proceso de Draft 2024, no era de esos nombres que muchos seguían con obsesión.

Con ese historial, firmó un contrato two-way con el Thunder cuando lo tomaron en la segunda ronda. En verano, se transformó en una referencia en la Summer League: promedió apenas por debajo de los 20 puntos en seis partidos, y eso le abrió la puerta para tener minutos tempranos en la temporada regular. Con el impulso, llegó a promediar 16,5 minutos en 34 juegos al inicio del curso. Pero en enero de 2025 sufrió una lesión en el pie que requirió cirugía, cortando su ritmo. Aun así, Oklahoma City quedó convencido por lo visto y decidió convertir su contrato two-way en un vínculo estándar.

Acá aparece el punto fino: cuando un equipo quiere pasar a un jugador two-way a contrato estándar, puede hacerlo de forma unilateral convirtiéndolo en un contrato mínimo y ya. Pero el Thunder no eligió ese camino. A cambio de un año adicional de control con opción de equipo para 2025-26, y usando su espacio de cap a través de la excepción de nivel medio, lo subieron a un acuerdo de dos temporadas por 6 millones de dólares. Como el contrato mínimo de rookie ronda apenas un poco por encima del millón, el salto para un pick de segunda ronda fue enorme. En ese momento, además, Mitchell estaba lesionado y no tenía nada garantizado: por eso aceptó con rapidez.

Después, su presencia pública no fue constante: jugó solo dos partidos más de temporada regular y tuvo apariciones puntuales en playoffs, en general desde el “basura time”. Igual, el Thunder vio lo que necesitaba.

El contraste: qué hace el Thunder cuando puede “abaratar”

Hay equipos que, ante la posibilidad de tomar opciones de equipo baratas, simplemente las ejercen y mantienen el sueldo bajo. Un ejemplo: Sacramento Kings tenía una opción de 2,3 millones sobre el guardia defensivo Keon Ellis. Si no la tomaban, él pasaba a agencia restringida. Los Kings podían igualar cualquier oferta, controlar el proceso y, con alta probabilidad, conseguir una extensión más larga y conveniente. En cambio, decidieron quedarse con el número bajo de cap y usar el dinero ahorrado para ir por Dennis Schröder con un contrato de nivel medio. Así, Ellis quedó encaminado a transformarse en agente libre sin restricciones en 2026. La decisión recibió críticas fuertes. Y, al final, Ellis terminó siendo utilizado para descargar el contrato de Schröder en el deadline.

Oklahoma City, en cambio, casi nunca actúa así. Cuando sus jugadores tienen opciones de equipo, la regla general es declinarlas, mandarlos a agencia restringida y luego volver a firmarlos con acuerdos largos. De hecho, ese “modelo” lo aplicaron —en versiones— a otros cuatro jugadores que hoy integran su rotación.

La idea detrás de todo esto es pagar temprano, pero usando la palanca de opciones y la agencia restringida para garantizar los plazos más largos posibles. Es un esquema que beneficia a las dos partes: los jugadores cobran antes de lo que podrían en otros equipos, y el Thunder se asegura el producto en el tiempo. Como el reconstrucción de Oklahoma City aún no los llevó a un apuro financiero extremo, tienen margen para adelantar dinero. El retorno llega después: cuando esos jugadores están en el pico de su carrera y aun así sus contratos quedan por debajo de lo que “valen”, y además sus acuerdos incluyen opciones que facilitan intercambios o renegociaciones a futuro. Incluso Isaiah Hartenstein —el fichaje externo más relevante que firmaron— llegó con una opción de equipo en el último año de su contrato.

El reloj de las obligaciones: por qué era “ahora o nunca”

Uno de los factores que permitió a Oklahoma City hacer este tipo de maniobras es que, por lo general, los planteles reconstruyéndose tienden a ser baratos. Mientras desarrollan y reclutan, el Thunder no suele chocar contra el impuesto o los techos más duros. Pagar temprano, entonces, no era un problema. Pero eso está por cambiar: Jalen Williams y Chet Holmgren firmaron extensiones máximas para rookies el último offseason. Esos contratos empiezan a correr el año próximo, y ahí el Thunder pasará de estar por debajo del impuesto a quedar bien arriba del segundo ‘apron’, sin movimientos adicionales.

En ese contexto, asegurar a Mitchell con contrato largo y desde temprano dejó de ser un lujo: era esencial. Podrían haber dejado pasar la temporada 2025-26 con el acuerdo vigente, pero la decisión muestra que el plan era darle un rol más grande. Y, aunque suene contradictorio, casi seguro no esperaban que ocurriera “esto”: que Mitchell creciera al punto de reflejar, en números y rol, una vara del nivel de un MVP.

Hay otra pieza: un año antes, el Thunder había seleccionado a Dillon Jones por encima. Sin embargo, el mensaje interno fue claro: querían que Mitchell jugara. Si lo hacían rendir, corrían el riesgo de que algún equipo les presentara una oferta grande mediante hojas de oferta en agencia restringida, llevándolos más profundo en el impuesto y dificultando después esquivar el segundo ‘apron’. Por eso, trabarlo por varios años era prioritario.

El contrato de 3 años y 9 millones: cómo se traduce en garantías

El acuerdo de tres temporadas por 9 millones encaja perfecto en ese razonamiento. En el momento de firmarlo, Mitchell todavía estaba cobrando su salario de rookie, bajo por definición. El contrato no alteró su salario para la temporada 2025-26 respecto de lo que habría sido con la opción de equipo. Pero sí le garantizó 1,5 millones adicionales para 2026-27 y, con la condición de que se mantenga en el plantel, lo termina dejando con un total de 6 millones en las temporadas 2026-27 y 2027-28.

Se podría discutir si Mitchell debía rechazarlo y apostar a su valor futuro. Si el Thunder hubiera decidido no tomar la opción y no existiría un nuevo acuerdo, el mecanismo habría sido un qualifying offer de 4,05 millones por un año. En la práctica, lo más probable es que Oklahoma City hubiese igual tomado la opción y que el jugador disputara la temporada y luego quedara como agente restringido en 2026. La única pérdida “real” en ese escenario habría sido el seguro de 1,5 millones para 2025-26.

En términos de NBA, 9 millones totales suena chico si uno mira el techo con acuerdos de nueve cifras. Pero no todos juegan en ese mercado. Para picks de segunda ronda y agentes no seleccionados, cuyos futuros no están garantizados —y más aún cuando vienen de una cirugía— la cifra representa dinero importante.

Más allá del monto, el contrato también funciona como señal de compromiso: si trabajás con el equipo en un acuerdo multianual, es probable que te sostengan el proceso de desarrollo dándote minutos y manteniéndote cerca. Oklahoma City tiene, además, una de las infraestructuras de desarrollo más reputadas de la NBA. Los jugadores suelen valorarla mucho y los agentes tienden a tenerla como destino frecuente para sus clientes. Y, si hay que ser honestos, los jugadores casi siempre se evalúan por encima del promedio. Por eso, muchas veces están ansiosos por apostar fuerte; el trabajo de los representantes es poner sobre la mesa el cuadro completo.

La decisión de quedarse: minutos, riesgo y el “mejor laboratorio”

Caer en la situación equivocada puede causar daño a largo plazo. En el mejor equipo disponible de la liga, Mitchell no sabía con precisión cuántos minutos razonables iba a tener. Recordemos que, en gran parte, parte de su exposición se dio por lesiones de Jalen Williams y de otros compañeros: esos ausentes abrieron tiros y minutos que le hicieron mucho bien. Hubo un escenario alternativo donde Mitchell quizá jugaba poco en la temporada y, por lo tanto, no aumentaba de forma sustancial su valor de mercado para llegar a agencia restringida en 2026.

Y además, el Thunder estaba por recibir retornos importantes: estaban previstos Nikola Topić y Thomas Sorber por parte de elecciones previas en primera ronda, y hasta cuatro picks de primera ronda de 2026. Con un plantel completo, si Mitchell no despegaba, se complicaba su lugar en Oklahoma City.

Entonces eligió seguridad financiera parcial y cedió dos años de control de equipo, pero se aseguró estar en el “incubador” de talento más eficiente. Hoy está por debajo de lo que debería cobrar para el nivel que está mostrando, y al mismo tiempo está demostrando que puede ser figura también en escenario de playoffs. A la larga, esa combinación suele rendir más: si sos capaz de sostenerte con ese impacto, el mercado te paga mejor. Y, hablando de mercado…

¿Qué pasa después? La opción y el próximo contrato

Si Mitchell termina ejecutando el contrato actual, se convertiría en agente libre sin restricciones tras cumplir 25 años, en el verano de 2028. Incluso si su mejora se frenara ahí, la simple comparación con el ascenso de Brunson cuando llegó a Nueva York abre puertas enormes para ofertas. Además, Mitchell es más grande y, según el perfil defensivo que viene mostrando, encaja mejor en más equipos que el propio Brunson. Si sumamos la chance de que todavía tenga crecimiento —y todo indica que puede haber más— el abanico se amplía. ¿Y si se transforma en estrella en dos años? ¿Podría llegar a contratos máximos?

Aún es temprano para afirmarlo, y es posible que ni siquiera llegue a verse el final del camino. ¿Por qué? Porque hablamos del Thunder: su contrato de tres años incluye una opción de equipo para la temporada 2027-28. Si su historial sirve de guía, van a intentar usar esa opción para que Mitchell acepte un nuevo acuerdo de largo plazo, “amigable” para el equipo. En ese punto, ya habría acumulado pagos en la zona de un dígito de millones y, con la inercia de un rol importante en playoffs, tendría frente a sí ofertas de nueve cifras. Con ese riesgo y esa recompensa, tiene argumentos para considerar renovar cuando llegue el momento.

El otro factor es el calendario de obligaciones financieras del Thunder. Por ejemplo: Gilgeous-Alexander empieza un acuerdo “supermax” en la temporada 2027-28, y en ese mismo año también arranca el contrato rookie de Cason Wallace. Ahí el Thunder podría decidir que Mitchell ya es un lujo que no puede pagar. Y en ese punto, a los hinchas de otros equipos les conviene no hacerse ilusiones: casi todas las versiones de este guion terminan jugando a favor de Oklahoma City.

Si lo negocian antes, es probable que reciban un paquete alto. Su sueldo actual es tan bajo que encaja fácil en casi cualquier plantel. Además, toda la liga va a querer tenerlo, así que las ofertas reflejarían esa demanda. O tal vez el Thunder prefiera esperar el desarrollo natural: sostenerlo como uno de los mejores “buenos negocios” de la liga por dos años, ganar dos títulos más y reemplazarlo luego con algún pick barato en 2028.

El mecanismo exacto por el cual el Thunder convierte esta firma en una ventaja definitiva aún no está del todo claro, pero lo que sí se ve es que el resultado casi siempre termina siendo enorme para ellos. Su oficina es agresiva en asegurar jugadores temprano, en los términos más convenientes. Y en el caso de Mitchell, hoy ese plan parece haber dado —otra vez— en el blanco.

El build-up

Agencia restringida y opciones de equipo

La decisión de Mitchell

El próximo contrato de Mitchell

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.