Orlando llega a un punto clave de la eliminatoria y tiene una chance poco habitual de encaminar la serie cuando este miércoles juegue el Juego 5 ante Detroit (19:00 ET, por Prime Video). La serie está 3-1 a favor de los Magic, y el panorama obliga a los Pistons a evitar que la despedida de playoffs llegue con tanta rapidez.
En la historia de los playoffs de la NBA, desde que la primera ronda se juega al mejor de siete (a partir de 2003), hubo apenas dos situaciones en las que un rival con menor siembra tomó ventaja 3-1 sobre un equipo que, en la fase regular, sumó 60 victorias o más. Los dos casos fueron los mismos escenarios que hoy se recuerdan como antecedente: Golden State Warriors ante Dallas Mavericks en 2007, y Memphis Grizzlies ante San Antonio Spurs en 2011. En ambos, los equipos que arrancaron debajo en la grilla y tomaron el 3-1 terminaron cerrando la serie en seis partidos.
Claro está, ese dato no tiene relación directa con lo que está pasando con Orlando más allá de la coincidencia. La ventaja 3-1 de los Magic se construyó con una defensa más aguerrida, algunos golpes de talento en momentos oportunos dentro de un juego que, en buena parte, se pareció a una pelea de bajo goleo, y también con el problema intermitente de Detroit para salir de su propio laberinto: cuando se atasca, lo paga caro.
De vuelta en casa para el Juego 5, los Pistons quieren cortar cualquier final abrupto de la temporada. No es una cuestión menor: han invertido trabajo durante meses y llegaron hasta acá con éxito. Mientras tanto, Orlando intentará no repetir lo que lograron Warriors y Grizzlies en aquellas series: la idea, por ahora, es que Detroit ni siquiera llegue a forzar un Juego 6.
Tres puntos para seguir de cerca mientras Detroit pelea por seguir con vida en la postemporada:
1. Más Stewart, menos Duren
La comparación que se instala es casi futbolera: si Jalen Duren fuera un jugador que “está en el partido” pero no rinde como se esperaba, J.B. Bickerstaff ya habría hecho el cambio hace rato. Duren, que fue All-Star y aparece entre los más mejorados de la liga esta temporada, muestra en esta serie una caída en su versión. En estos juegos, le da a Detroit bastante menos en lo ofensivo y en lo defensivo que lo que aportó durante los primeros 82 partidos de temporada regular.
La decisión de sacarlo del camino tendría, en la lógica de la rotación, dos beneficios. El primero es evitarle más daño físico o emocional mientras él y el cuerpo técnico intentan reencarrilarlo: ya sea antes del próximo cruce o, en el peor de los casos, durante una etapa de recuperación que se estire demasiado. El segundo es reducir cuánto se le escapa el control al equipo mientras Duren está en cancha.
En ese marco, la idea es que Bickerstaff (siempre en la metáfora) levante la mano y mande a Isaiah Stewart: un hombre grande con presencia adentro. Stewart ha sido un factor real para Detroit, y eso se conecta con un dato concreto de la eliminatoria: en la serie, Orlando viene con un 38.7% de efectividad en tiros de campo, un número que habla de la dificultad para encontrar comodidad.
En el Juego 4, los Magic fallaron 62 de 92 intentos, en parte porque “Beef Stew” se dedicó a “comerse” situaciones cerca del aro. Sus ocho bloqueos—récord personal—fueron los más de un defensor que jugó menos de 20 minutos desde 2004. En un tramo tardío del partido, que Detroit tuvo la posibilidad real de ganar, Stewart bloqueó primero a Jalen Suggs y luego también a Wendell Carter Jr. en una secuencia casi inmediata. Además, su rating defensivo en los cuatro juegos llega a 87.7.
Si Detroit no logra recuperar el aporte de Duren de 19.5 puntos por partido que mostró entre octubre y abril, entonces el plan pasa por mantener el marcador bajo y proteger la pintura. En ese contexto, la fortaleza y la intensidad de Stewart también aportan una cuota de intimidación: incluso siendo “duro” por naturaleza, el contraste es más marcado porque Duren—aunque esté en gran forma física—está jugando más pequeño de lo habitual.
Arrancar con Stewart sería, entonces, un ajuste que vale la pena explorar.
2. Una versión más cuidadosa de Cade
Hay un lado positivo: aunque todavía no haya terminado de confirmar del todo lo que se esperaba de él, el base de Detroit, Cade Cunningham, es probablemente el mejor jugador implicado en esta serie. Tanto él como Duren son, por ejemplo, los únicos dos con chances de terminar en algún equipo All-NBA cuando se anuncien esas distinciones en los próximos días.
Sin embargo, Cunningham se sumó a un grupo selecto por un motivo desagradable. En los últimos tres partidos acumuló 24 pérdidas de balón, el registro más alto para un jugador en un tramo de tres juegos desde que la liga comenzó a llevar el historial de turnovers en la temporada 1977-78. Lo llamativo es que varios de los nombres que Cunningham superó son auténticas leyendas: James Harden (que tenía el récord anterior con 23), Larry Bird, Nikola Jokić, Trae Young, Dwyane Wade, Joel Embiid, LeBron James, Steve Nash y Paul Pierce.
La lección que queda es simple: para que un equipo te quiera con el balón en la mano incluso cuando pareces tratarlo como si fuera una cosa peligrosa, tenés que ser realmente determinante. El problema es que esa necesidad de protagonismo no puede venir acompañada de decisiones que terminan en pérdida.
De todos modos, las posesiones perdidas ya son un problema concreto. Detroit acumula 72 pérdidas frente a las 53 de Orlando; la diferencia es de un partido completo. Además, los puntos que se anotan a partir de esas pérdidas le favorecen a los Magic: 83-66. En el total de los cuatro juegos, pese a todo, los equipos están separados por apenas 10 puntos, lo que vuelve a remarcar el peso que tienen esos errores.
El hecho de que Cunningham sea el principal creador ofensivo real de Detroit permite que Orlando lo “encierre” y use más cuerpos para cerrar carriles hacia el aro. Pero también hay responsabilidad propia: sufre cuando se apura con pases o cuando toma decisiones temerarias. Sin un “cable” que lo frene, Cunningham tendrá que tratar el balón con mucho más cuidado.
3. Se asoma la historia para Orlando
En el armario de la postemporada de Orlando hay un fantasma esperando. En 2003, el Magic—octava sembrada—se enfrentaba a los Pistons, que eran el mejor equipo de la liga en la fase regular, en la primera ronda. Allí, Orlando sacó ventaja sorprendente de 3-1 apoyándose en la figura de Tracy McGrady.
(En ese relato suele repetirse una frase de McGrady tras el Juego 4: “para mí, que nunca había vivido jugar la segunda ronda, esto es genial”. Esa cita, en el modo en que se cuenta, es considerada un mito.)
Con el impulso, Detroit respondió con decisión: ganó tres partidos seguidos y le cerró la puerta al posible golpe de efecto de Orlando.
Hay quienes miraron ya el “armario” por la similitud del ritmo: también hoy hay un 3-1. Pero si Detroit empieza a recortar la distancia este miércoles, el “esqueleto” va a salir y a sacudir fuerte mientras este plantel de Orlando intenta dormir. Por eso el entrenador Jamahl Mosley y buena parte del plantel se mantuvieron meticulosos al hablar solamente de “el próximo partido” y de lo complejo que es ganarle cuatro veces a un rival al que ya le ganaron tres.
Nadie quiere caer en esa trampa, y la forma más segura de evitarlo es cerrar la serie cuanto antes.
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Steve Aschburner cubre la NBA desde 1980.