Los Angeles Lakers hicieron una remontada que pareció imposible para tomar ventaja 3-0 en la serie ante Houston Rockets, mientras que Boston Celtics y San Antonio Spurs también estiraron a 2-1 sus respectivos cruces con victorias de local. En el repaso del viernes, los Celtics dominaron la “aritmética” del triple y sufrieron los 76ers, LeBron James volvió a ser determinante en playoffs y en San Antonio la dupla de novatos (Stephon Castle y Dylan Harper) cargó con puntos cuando Victor Wembanyama estuvo fuera.
¿Por qué importa? Celtics y Lakers estiran series; 76ers y Rockets quedan contra la pared
En la Conferencia Este, los Celtics recuperaron el factor cancha y quedaron 2-1 arriba sobre Filadelfia tras imponerse 108-100. En el Oeste, San Antonio también tomó ventaja en un cruce que se está poniendo cada vez más cerrado: los Spurs vencieron 120-108 a Portland y quedaron 2-1 arriba. En paralelo, la gran noticia del viernes fue la serie de los Lakers: con un comeback histórico, LA tomó una ventaja 3-0 sobre los Rockets, un escenario que, además, no había tenido precedentes en la historia de playoffs de la NBA (ningún equipo había remontado un 0-3 para ganar una serie).
El contexto de estos resultados es claro: cada partido que pasa con una serie 2-1 o 3-0 aumenta la presión sobre los equipos que quedan detrás. Filadelfia y Houston, en particular, no solo necesitan ganar: tienen que recuperar sensaciones y corregir problemas puntuales que se repiten en momentos clave.
Ganador: la “aritmética” del triple de Boston y el golpe de los rebotes ofensivos
Boston fue, literalmente, la “casino” de la noche: sabe que en el camino puede fallar algunas manos (como en el Juego 2, cuando acertó apenas el 26% en 50 intentos de triple), pero confía en que el volumen y la calidad terminan ajustándose con el tiempo. Y en el Juego 3 volvió a tener una noche consistente: los Celtics metieron 20 triples, con un 43% de efectividad, contra 12 de Filadelfia (34%). Esa diferencia de 24 puntos en la producción desde el perímetro terminó siendo decisiva en una victoria final por ocho tantos, que dejó la serie 2-1 para Boston.
El análisis se entiende mejor si se mira lo que había sucedido en el Juego 2. Ahí, Filadelfia —un equipo que en la temporada regular estuvo por debajo del top 10 en acierto de triples— había convertido 19 desde la línea, por 13 de Boston. La lectura era simple: ese tipo de rendimiento no suele repetirse con la misma constancia durante una serie completa, y mucho menos cuatro veces para ganar.
De hecho, apenas iniciado el segundo tiempo del viernes, Boston ya había clavado 14 triples, más de los que había hecho en todo el Juego 2. La pregunta que aparece es por qué no todos disparan a ese ritmo. La respuesta es que no todos tienen el plantel para generar triples “buenos” y, además, convertirlos: en Boston, la creación y el tiro están más repartidos, y por eso el equipo puede sostener un plan con distintos protagonistas. En la noche del viernes, 10 Celtics anotaron al menos un triple; del lado de los 76ers, cuatro jugadores conectaron desde la distancia.
Aun así, Filadelfia tuvo chances reales de llevarse el partido. Con un poco más de un minuto por jugar, los 76ers estuvieron a dos puntos y Boston ya se había metido en un “corsé” con reloj de posesión avanzando. Pero Payton Pritchard apareció con un triple tras un escape con bote, estirando la ventaja a cinco. Aproximadamente 40 segundos después, Filadelfia lo volvió a bajar a tres, hasta que Jayson Tatum respondió con un triple que terminó funcionando como sentencia para Boston.
Uno de los motores para que Boston genere tantos triples no es solo el tiro: también es el trabajo en el rebote ofensivo. En playoffs, recuperar balones tras fallos propios suele traducirse en dos cosas: tiros extra inmediatos (porque el rival pierde la cobertura) o una nueva posesión para volver a cargar el mismo tipo de ataque. Ese mecanismo fue clave para que los 76ers lo pagaran caro en el Juego 3.
El triple de Tatum del que se habló como “clavada” tuvo una secuencia que lo explica: si Filadelfia hubiera podido capturar el rebote tras el fallo inicial de Nikola Vučević, ese desenlace no habría ocurrido. Pero Derrick White llegó al tablero ofensivo y, pocos segundos después, una ventaja de tres desde el triple se transformó en seis.
Más adelante, en el cuarto período, Vučević falló desde la esquina contraria, y la historia se repitió: los 76ers no pudieron asegurar el rebote, y Boston anotó nuevamente en segunda oportunidad. En números, el impacto de ese problema fue notable: Filadelfia permitió 15 rebotes ofensivos de Boston, lo que derivó en 22 puntos de segunda chance para los Celtics. Aunque los 76ers también lograron 17 puntos de segunda chance, el saldo general siguió siendo negativo y se sumó a la brecha de 24 puntos que dejó el triple.
Es cierto que mantener a Boston lejos del vidrio no siempre es sencillo. Parte del problema radica en que muchos de los triples generan rebotes largos: la pelota queda “suelta” y no siempre cae como rebote claro. Pero hubo dos situaciones finales que se volvieron especialmente crueles: en ambas, Filadelfia tuvo la posibilidad de recuperar en los tramos finales de un juego cerrado para empatar o ponerse al frente, y en las dos veces falló en capturar el balón. Esas concesiones le dieron a Boston conversiones en segunda oportunidad.
En playoffs, el desenlace suele definirse en pocas posesiones. Darle a Boston dos extras en el momento equivocado terminó siendo una carga demasiado pesada para remontar para Filadelfia.
Winner: LeBron y la familia James; Los Lakers pasan a la historia en el 3-0
En el Oeste, el Juego 3 frente a Houston fue una actuación memorable de LeBron James incluso comparándola con sus propios estándares. Hubo acciones de alto nivel en momentos distintos: una jugada de robo y conversión para igualar, y además un triple que empujó el partido a prórroga. En lo colectivo y en los números brutos, LeBron firmó un registro de 29 puntos, 13 rebotes y seis asistencias, para construir un impacto total cuando el cruce ya estaba en un punto crítico.
El dato de fondo es todavía más grande: los Lakers abrieron una ventaja 3-0 en una serie que muchos daban por pérdida. LeBron, con el desgaste lógico de su edad y con un plantel que ya no es el mismo de años atrás, no necesitó “afinar” su legado: lo que hizo en la cancha funcionó como cierre de un capítulo. Pero a medida que la retirada se acerca, este tipo de noches aparecen como un marco final: ya no es aquel superhéroe que podía cargar a equipos completos hacia Finales con una sola mano, pero aun así sigue siendo la definición de jugador ganador capaz de elevar a su equipo más de lo que parecía posible.
Y si la noche tuvo un gesto particular, también llegó en el plano familiar. LeBron señaló como momento más memorable el alley-oop que le entregó a su hijo Bronny. En este Juego 3, Bronny James sumó sus primeros cinco puntos en playoffs y aprovechó lo que tuvo en cancha. En el primer tiempo, su aporte fue suficiente como para que JJ Redick confiara en darle unos minutos también en el cuarto período. Los Lakers ganaron esos minutos de Bronny por cuatro puntos.
La vara para Bronny no deja de ser enorme por comparación con su padre, pero el mensaje que deja esta serie es que el salto a un rol real y sostenido es cada vez más alcanzable. LeBron ya tenía una faceta defensiva como base para competir; ahora, con el correr de los partidos, también se lo ve más cómodo como tirador después de algunos problemas ofensivos tempranos. Incluso con margen a mejorar, lo importante es que está sobreviviendo —y aportando— en minutos de playoffs, algo sobre lo que puede construir de cara al futuro.
Rockets: Reed Sheppard otra vez con dudas y presión por decisiones de rotación
Reed Sheppard vivió una temporada marcada por la dificultad de convencer a Ime Udoka para que lo use con regularidad. Su valor, como uno de los pocos tiradores naturales del plantel, es que puede ayudar a que Houston no se quede sin juego ofensivo. Pero Udoka no lo terminaba de soltar. Aun cuando los Rockets cerraron la fase regular con un récord de 17-4 con Sheppard como titular, en el Juego 2 lo retiró después de apenas 11 minutos, y ese partido terminó con Houston por debajo de los 100 puntos en una derrota que tuvo sabor a sorpresa.
En el Juego 3, Udoka no tuvo el mismo margen. Con Kevin Durant fuera del partido, necesitó la capacidad ofensiva de Sheppard. Y, en el mérito del jugador, su presencia sí aportó un poco de espacio en una pintura que se había vuelto más apretada. Además, Alperen Sengun y Amen Thompson firmaron sus mejores presentaciones de la serie: entre ambos sumaron 59 puntos eficientes, probablemente con la misma lógica de fondo de compartir cancha con un tirador de nivel.
Sin embargo, Sheppard volvió a tener una noche irregular: anotó 6 de 21 en tiros de campo y 4 de 13 desde el perímetro, además de cometer cinco pérdidas de balón. Una de esas pérdidas fue la más grande del partido, porque terminó poniendo a LeBron en posición para el triple que igualó la contienda y llevó el juego a la prórroga.
La cautela de Udoka con el tiempo de juego de Sheppard se relaciona, sobre todo, con sus limitaciones defensivas: es un jugador pequeño y suele ser “marcado” con facilidad. Y en el Juego 3, Los Lakers aprovecharon esa tendencia en varias jugadas. Con el panorama cada vez más oscuro para Houston, Udoka probablemente no pueda repetir la solución de limitar a Sheppard a 11 minutos en el Juego 4 aunque Durant regrese. Pero aun así, el jugador no terminó de ganarse la confianza con su producción y sus pérdidas.
Ganador: Spurs sin Wembanyama y una camada juvenil que se agranda; Harper y Castle lideran
En San Antonio, la historia del viernes tuvo un giro directo: si cualquier otro equipo hubiera usado sus dos últimas selecciones de lotería para conseguir a Stephon Castle y Dylan Harper, estarían celebrando como si fuera un golpe de suerte perfecto. Que los Spurs cuenten además con Victor Wembanyama y, encima, estas dos piezas jóvenes, es una combinación que roza lo “exagerado”.
El punto clave es que Wembanyama se perdió el Juego 3 por una conmoción (concussion). Aun así, Castle y Harper respondieron con números de impacto: entre ambos sumaron 60 puntos. Convirtieron 63% de sus lanzamientos y metieron 7 de 9 triples. En la misma noche, Kevin Durant y Russell Westbrook quedaron como los únicos compañeros de equipo con 25 o más puntos en un partido de playoffs siendo ambos menores o con 21 años de edad, dentro del marco que se mencionó para comparar edades.
Castle, además, ya tiene más rodaje dentro del rol: es titular y viene de ganar el premio de Rookie del Año la temporada pasada. Se lo percibe como un jugador hecho para sostenerse: firme en ambos costados, atleta sin excesos, con lectura de ángulos y con el cuerpo para ganar espacio. Compite fuerte, tiene buen trabajo de pies y no se acelera de más. La sorpresa, para quienes recién lo miran en playoffs, es el dato de edad: con 21 años, el viernes hizo 33 puntos frente a Portland.
Harper tiene otro estilo: los que siguen NBA todos los días ya sabían desde el inicio que era un jugador especial, pero para el espectador casual, su explosión en el tercer cuarto fue un golpe. Terminó con 27 puntos y 22 de esos puntos llegaron en la segunda mitad. En pocas palabras: un adolescente que apenas había sido parte del grupo de “teen” hacía pocos meses, dominó un juego de playoffs con una madurez enorme. En el repaso de esa actuación se destacó su producción completa: 27 puntos, 10 rebotes y 4 triples, además de sumar que se convirtió en el segundo jugador más joven en anotar 20 o más puntos saliendo desde la banca en un partido de postemporada desde 1970-71. El más joven en esa lista sigue siendo Kobe Bryant (dos veces).
Más allá de Harper, San Antonio también mostró una segunda capa de futuro: Carter Bryant. Fue seleccionado como el número 14 del draft del año pasado y el viernes aportó con presencia defensiva y energía constante. En 23 minutos, registró un +17 y sumó seis rebotes y cuatro asistencias. Aunque encestó solo una vez, el tiro fue “lindo” y, sobre todo, su impacto se notó en el rol: defendió en distintos puntos de la cancha y se animó a tirar con confianza cuando tuvo la oportunidad.
La conclusión que deja la noche es la más llamativa: estos tres jóvenes —Castle, Harper y Bryant— y Wembanyama se mantienen por debajo de los 22 años. En el horizonte, eso hace que el resto de la liga tenga que mirar a San Antonio con otra clase de respeto: por una década, al menos en términos de materia prima, el desafío parece enorme.
Resumen de ganadores y perdedores del viernes
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Winner: Celtics’ 3-point math (la eficacia y el volumen del triple).
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Loser: 76ers’ late-game rebounding (rebounding clave en el tramo final que no se aseguró).
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Winner: The James family (LeBron y el aporte de Bronny en minutos de playoffs).
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Loser: Reed Sheppard (tanteo y pérdidas que pesaron frente a Boston).
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Winner: Spurs’ non-Wemby youth (respuestas de Castle, Harper y Carter Bryant pese a la baja de Wembanyama).