Los Knicks no mostraron su mejor versión de básquet desde el arranque el miércoles por la noche en San Antonio, en el debut de las Finales de la NBA. Otra vez apareció el mismo contexto: mucho tiempo sin competencia entre series, y dificultades para encender temprano. Un escenario parecido ya les había tocado en las Finales de Conferencia, cuando les costó iniciar el Juego 1 ante Cleveland. Esta vez, el ritmo les tardó en llegar contra los Spurs.
Karl-Anthony Towns no parecía preocupado. En un tramo del partido, cuando el equipo todavía buscaba su forma, la transmisión lo captó durante un tiempo muerto dándole un mensaje a sus compañeros. Las imágenes “mic’d up” suelen quedarse en frases vacías, pero en esta ocasión no fue así: Towns tenía algo concreto para decir.
“Tenemos que seguir jugando defensa. Eso es lo que nos va a ganar el juego. Nuestra ofensiva va a llegar después. Ya pasó en el Juego 1 contra Cleveland. Vamos a estar bien”, les remarcó.
En términos de highlights, este es el mejor momento de Towns con la camiseta de los Knicks, por una diferencia abismal.
La lectura se sostuvo en la cancha. Los Knicks insistieron con la defensa, en especial para contener a Victor Wembanyama. Tras verse abajo por 14 en el tercer cuarto, lograron una mejoría decisiva en el tramo final: en el cuarto período dejaron a los Spurs con apenas 19 puntos. Esa mejoría sí terminó pesando en el resultado. Y la ofensiva, como había anticipado Towns, terminó acompañando después: lo mismo que había ocurrido en el Juego 1 ante Cleveland. El plan funcionó, justo como él lo había previsto.
Lo que dijo Towns sonó sereno, frío y seguro. No transmitió solo confianza en el equipo, sino en él mismo. Se lo percibió como un líder, algo llamativo porque Towns, durante gran parte de su carrera, fue un jugador que dividió opiniones. En distintos momentos lo tildaron de “cornudo” o “cringe”, también le atribuyeron comportamientos molestos o gestos “zesty”. Además, por años se lo asoció con reclamos constantes a los árbitros, algo que había frustrado a compañeros del pasado, como Anthony Edwards, que en su momento había pedido que “deje de estar fouleando” sin parar.
El camino de Towns también tuvo giros inesperados. Había llegado a las Finales de Conferencia del Oeste con Minnesota, pero aun así el equipo terminó negociándolo y cambiándolo. Ese movimiento, en la práctica, fue lo mejor que le pasó a su carrera y a su imagen pública. En Nueva York, Towns se transformó en una figura abrazada tanto por sus compañeros como por la gente: cuesta imaginar al Towns de Minnesota entregando el discurso que necesitaba el plantel en el Juego 1 de unas Finales, y aún más cuesta imaginar que alguien pudiera estar realmente escuchándolo.
Pero no fue solo palabras. Su actuación en el Juego 1 fue de las mejores de su carrera justo cuando su equipo más lo requería. Terminó con 18 puntos, 12 rebotes y cuatro asistencias, además de varios rebotes ofensivos en momentos clave. Varios de esos balones los consiguió ganándole a Wembanyama por la posición, con esfuerzo extra para arrebatarle la pelota. Gracias a ese aporte, los Knicks terminaron con +9 en puntos de segunda chance en el partido. Fue fundamental para que Nueva York empezara a meterse en el juego y a remontar el atraso de 14 unidades que arrastraba en el tercer cuarto.
Sin embargo, por encima de todo, el golpe más impresionante y el más importante de Towns llegó en el costado defensivo frente a Wembanyama. La tarea, por supuesto, no es menor. En las rondas anteriores, Oklahoma City Thunder no encontró una respuesta que le funcionara a Wemby, especialmente contra el jugador que acabó segundo en la votación al Jugador Defensivo del Año, quedando detrás del propio Wembanyama. Chet Holmgren, en las Finales de Conferencia, directamente parecía no querer el duelo. Towns, en cambio, se mostró como alguien que hasta disfrutó la asignación.
A diferencia de Holmgren, Towns no suele ser recordado por su defensa. Este curso sí mejoró bastante en ese rubro, pero tradicionalmente no fue la idea típica de un “All-Defensive Team” como ala-pívot o pívot. Aun así, también hay diferencias fuertes con Holmgren en aspectos decisivos: Towns es más fuerte, más “pesado” y, en el Juego 1, estuvo dispuesto a hacer todo lo posible para que Wembanyama no tuviera un partido cómodo.
La defensa de Towns sobre Wemby terminó siendo la diferencia para que los Knicks ganaran el Juego 1.
Knicks y Towns parecieron entender lo que a Oklahoma City le costó asimilar: ser físicamente agresivo con Wembanyama y, sobre todo, alejarlo del aro o al menos complicarle el acceso al “paint”, es clave. De cara a la serie se pensaba que la defensa contra Wemby iba a ser de “todos contra uno”: Mitchell Robinson, OG Anunoby, Josh Hart, y otros iban a rotar para hacerse cargo. Esa dinámica se vio desde el primer partido y probablemente continúe. Pero Towns tomó el rol principal y lo aceptó de buena manera. Incluso con un dato que sorprende: lo hizo con dos de sus seis faltas permitidas todavía disponibles, como si el cuerpo técnico hubiera encontrado el equilibrio perfecto entre intensidad y control.
Wembanyama igual logró un doble-doble y acertó 12 de 13 desde la línea de libres. Pero desde el piso fue un partido muy poco eficiente: encestó solo 6 de sus 21 tiros. Además, intentó nueve triples y solamente metió dos. A los Knicks, sin dudas, les sirve un plan así: el tipo de tiros que aceptó San Antonio y los resultados que no llegaron para Wembanyama.
Después del partido, Wemby reconoció: “Esta noche estuve mal”, y agregó que “no es algo más complicado que eso”. Su rendimiento fue bajo, sí, pero también había otros motivos detrás de esa dificultad. El problema no fue solo “no me salió”. Había una razón enorme, del tamaño del apodo Big Bodega, por la que se le complicó tanto la tarea.
Town también habló tras el juego. Comentó que muchas veces la gente pone el foco en la presión de jugar unas Finales de la NBA, pero que él no lo sintió así antes del Juego 1. En lugar de eso, dijo que en la previa y durante el partido sintió “calma y paz”. Como si su madre —que falleció durante la pandemia— estuviera ahí, mirándolo desde algún lugar.
KAT: “Sentí calma y paz, que tenían que venir de la mujer de arriba (mi mamá). Sentí que era un chico. Fue solo diversión jugar acá. Sentí como que era un chico preparándose para sus partidos de AAU del sábado y del domingo. De alguna manera sentí que la veía en…”
En el fondo, Towns acababa de ganar el partido más grande de su vida hasta ese momento y, aun así, habló sin tensión. Se lo escuchó cómodo, con confianza, como si esa instancia le quedara natural. Como si no fuera demasiado. Porque, para esta versión de Towns, el escenario sí le queda, y no es un esfuerzo forzado.