Knicks sufren y quedan 2-1 abajo: Atlanta les gana los cierres clave

ByMartín Gutiérrez

Apr 24, 2026

Los New York Knicks cayeron ante los Atlanta Hawks por 109-108 el jueves y quedaron 2-1 abajo en la serie de primera ronda. En los próximos días, lo que más se va a escuchar es que “los Knicks se caen” en los momentos clave. Pero hay una novedad: no se trata de choking.

Lo que está pasando es otra cosa: Atlanta está ganando.

Los Knicks habían sido, durante toda la temporada regular, el mejor equipo de la liga en el último cuarto. Y si terminan perdiendo la serie, les va a quedar la sensación amarga de haber dejado escapar una ventaja de 12 puntos en el Juego 2. Sin embargo, en el Juego 3 volvieron a encender el modo cuarto final: empezaron el parcial con un déficit de ocho y lo dieron vuelta para ponerse arriba por tres con un minuto por jugar.

Todo indicaba que podían resistir, hasta que Jalen Johnson se metió en la jugada pese a un intento de tiro rechazado: agarró un balón suelto tras un bloqueo defensivo, volvió a la carga y terminó convirtiendo en bandeja para achicar la diferencia a uno. En la otra punta, New York respondió con una infracción de reloj de posesión. Después, otra vez apareció CJ McCollum.

Atlanta tuvo la pelota para la última posesión desde el costado, con 16.4 segundos restantes. La duda era cuánto iban a tardar en ejecutar: ¿iban a correr el reloj hasta el final y buscar una definición de un solo tiro al buzzer? Los Knicks contestaron con una alineación chica, sin pívots, y con Brunson en cancha. Por cómo acomodaron la defensa, parecía que el plan era hacer tiempo y tirar con lo justo para llegar a un rebote ofensivo y, si hacía falta, un segundo intento.

McCollum tuvo otros planes. Recibió el pase del saque de banda, encaró directo hacia el punto “de su oficina” en el codo (el elbow), se frenó y conectó el lanzamiento que puso a Atlanta arriba con 12.7 segundos en el reloj.

Voy a ser honesto: pensé que McCollum se adelantó. Lo entiendo igual. La idea de tirar relativamente temprano es que, si el tiro no entra, todavía podés generar una situación de rebote ofensivo; y si fallan, siempre está la opción de cometer falta para asegurar que, aun perdiendo el control del rebote, el rival no termine con una desventaja mayor a tres puntos con la posesión del otro lado (siempre que el equipo recupere el rebote en los libres tras el fallo). Así, el plan puede desembocar en un tiro para empatar o ganar en la contra (aunque las diferencias de tres puntos suelen terminar en faltas intencionales). Pero darles tanto margen de tiempo a Brunson y compañía del otro lado se sintió como jugar con fuego.

Al final, fueron los Hawks los que terminaron “quemando”. Porque Brunson batalló incluso para recibir la pelota. Cuando finalmente la tuvo, Onyeka Okongwu hizo un trabajo enorme cortándole el ángulo hacia el aro y empujándolo contra la línea de fondo. Ahí apareció Jonathan Kuminga para volar hacia la ayuda y cerrar una doble marca. Y de repente, la ofensiva se volvió un problema: Brunson terminó teniendo que “bolear” un pase hacia Josh Hart (que en realidad estaba abierto), el balón no conectó y se acabó ahí. El tiempo corrió. Atlanta ganó.

Ahora, a los Knicks les queda un día para recomponer ideas de cara al Juego 4, que se juega el sábado. Y de golpe, ese partido parece un “ganar o ganar”, con un Atlanta que está demostrando ser tan parejo como mínimo: equipo por equipo, incluso un poco mejor. No es un dato menor que los Hawks hayan ganado 19 de sus últimos 24 partidos. Muchos de esos triunfos llegaron ante rivales que venían con la cabeza puesta en otra cosa (por el tramo final de la tabla), y por eso era lógico preguntarse cuánto peso real tenía esa racha. Pero lo concreto es que Atlanta es un conjunto sólido… y New York también lo es.

New York es bueno. No es un equipo grande. Está inmerso en una serie 50-50, y por ahora la moneda no cae de su lado.

Atlanta merece gran parte del crédito por eso. Están jugando una defensa intensa. Nada sale fácil en la ida y vuelta: en ataque no hay entregas gratis y en el regreso tampoco. Presionan la pelota, protegen el aro y tienen las manos activas en cada acción.

Dyson Daniels, en particular, está teniendo dificultades para sumar puntos en esta serie, pero el impacto defensivo y de juego que está dejando no se mide solo con el aro: en los tres partidos acumula 26 rebotes, 19 asistencias y ocho robos. Está anulando el margen que Josh Hart suele aportar a los Knicks desde roles similares “en zonas grises”. La pregunta es simple: ¿qué podés hacer ante una defensa así?

Hay que ver el esfuerzo de Daniels: trabaja para no dejarse bloquear, CJ va a mostrar y a recuperar, cambia en el switch ante McBride para contestar la acción. En otra jugada, vuelve a negar el bloqueo fuera del balón y roba un pase desde atrás para encender la transición en el otro extremo.

El juego defensivo de Daniels termina siendo una especie de “rompepartidos” —no solo asfixia al que tiene la pelota, sino que además puede hacer que las posesiones parezcan aparecer de la nada con sus manos y su colocación.

¿Y quién fue el que cerró la contra? Jonathan Kuminga. El jugador que llegó en el cierre del mercado se mostró muy fuerte en los dos partidos más recientes: 40 puntos con un 61.5% de efectividad en esos encuentros. Por eso, Quin Snyder decidió cerrarle el camino a Daniels en la decisión final y lo acompañó con Kuminga en situaciones clave. Es una movida inteligente: con cinco tiradores en cancha (Daniels es un tirador de tres que hoy no aporta lo suficiente desde el perímetro), Snyder se asegura de que McCollum tenga el máximo espacio posible para trabajar uno contra uno… y lo está aprovechando.

Del otro lado, Mike Brown no tuvo el mismo resultado. En los Juegos 1 y 2, le tocó jugar con minutos relativamente pesados con Brunson y Karl-Anthony Towns en el banco. En el Juego 2, esa decisión le costó una ventaja de nueve puntos en el segundo cuarto. En el Juego 3 había dejado de lado esa línea que no incluía a Brunson/Towns durante la primera mitad, pero la retomó apenas inició el cuarto final. Se mantuvo apenas dos minutos y medio, porque queda claro que los Knicks no pueden sostener una ofensiva consistente si no tienen a uno de esos dos en pista.

Igual, es necesario que Towns y Brunson mejoren. Los números de Towns se ven bien, y cuando toma la iniciativa ofensiva es muy efectivo, pero no está siendo agresivo con la constancia necesaria. En los últimos dos cuartos finales, sumó apenas dos puntos en total. Brunson, por su parte, está con 42% de tiros y además lo están castigando en defensa: puede jugar mejor, sin dudas, pero el nivel defensivo que le están planteando y, sobre todo, el momento de McCollum, lo tienen contra las cuerdas.

Mientras tanto, Mikal Bridges se quedó sin anotar en el Juego 3: 0/… y el dato de serie es 8 de 22 en el total. Brown apenas lo utilizó 21 minutos el jueves y lo dejó en el banco en el tramo final, y la decisión tiene lógica. Miles McBride aparece como una opción más confiable en el contexto actual.

La conclusión es clara: Atlanta está jugando mejor. Está ganando el “combate” de defensa, el acierto de tiro y también la batalla táctica del banco. La serie sigue abierta: no está cerrada. Pero los Knicks ya están oficialmente metidos en una pelea con un rival que es, como mínimo, tan bueno como ellos… y quizá incluso un escalón por encima.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.