Oscar Schmidt, la leyenda brasileña del básquet que fue incorporada al Salón de la Fama del Naismith Memorial en 2013, falleció a los 68 años.
En un comunicado difundido el viernes, la familia de Schmidt informó que el escolta—conocido como “The Holy Hand”—luchó durante 15 años contra un tumor cerebral, “con coraje, dignidad y resiliencia… manteniéndose como ejemplo de determinación, generosidad y amor por la vida”.
Schmidt, apodado “La mano santa”, es considerado por muchos como el mejor jugador de la historia que nunca llegó a jugar en la NBA. Inició su carrera profesional con apenas 16 años y no se retiró hasta los 45. Además, conserva marcas históricas: es el máximo anotador de todos los tiempos en los Juegos Olímpicos con 1.093 puntos, y también lidera en los Mundiales de FIBA con 906 unidades. Fuera de lo oficial, se lo ubica además como el segundo mayor anotador de la historia del básquet profesional, solo por detrás de LeBron James.
En 2013, Larry Bird contó: “Seguí toda su carrera y yo esperaba que jugara en la NBA para poder competir contra él o junto a él. Tuvo una carrera increíble”. En ese contexto, Bird fue quien presentó a Schmidt durante su ceremonia de ingreso al Hall of Fame. “Oscar fue uno de los grandes anotadores de nuestra época. Era difícil de frenar: no podías cuidarlo con un solo jugador. Y por cómo se movía para quedar libre, podía construir cualquier tiro que quisiera”, señaló el ex crack de Boston previo al acto.
También Kobe Bryant se había referido a Schmidt en términos muy personales, al afirmar que era “mi tipo”. “Fue Bird antes de que yo tuviera chance de ver qué era Bird”, agregó Bryant, en referencia a la influencia que Schmidt ejercía sobre su forma de entender el juego.
Schmidt fue seleccionado por los New Jersey Nets en 1984 y llegó incluso a participar en una etapa de entrenamientos del club, pero decidió continuar su carrera en Italia —y también con la selección brasileña— en lugar de firmar un contrato en la NBA. En aquellos años, un joven Bryant lo tenía como ídolo: Schmidt jugó contra Joe Bryant, el padre de Kobe, en la liga italiana, y esa etapa quedó marcada en el imaginario del futuro estrella.
Su capacidad goleadora quedó grabada con números que todavía se citan. En los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, Schmidt anotó 55 puntos ante España, un récord vigente de anotación en un solo partido para la competencia. Sin embargo, su estallido más recordado puede haber ocurrido un año antes en Indianápolis: en el partido por la medalla de oro de los Juegos Panamericanos, registró 46 puntos y guio a Brasil a una sorpresa histórica ante un equipo de Estados Unidos cargado de estrellas universitarias, entre ellas David Robinson y Danny Manning.
El desarrollo de aquella final tuvo un quiebre claro: Brasil llegó a estar abajo por hasta 20 unidades, pero el escolta, con 29 años, convirtió 35 de sus puntos en la segunda mitad para sellar la remontada.
En la historia del básquet internacional, pocos nombres alcanzan el nivel de logros de Schmidt. Fue incorporado al Salón de la Fama de la FIBA en 2010, disputó cinco Juegos Olímpicos y cuatro Copas del Mundo de FIBA. En los Juegos Olímpicos de Río 2016, además, fue uno de los abanderados en la ceremonia de apertura. De forma generalizada, se lo reconoce como el mejor jugador brasileño de todos los tiempos.