Jason Collins, el primer jugador abiertamente gay en la NBA, falleció a los 47 años a causa de cáncer de cerebro. El anuncio lo realizó su familia, que detalló que el diagnóstico correspondía a glioblastoma en estadio 4 y que, tras un largo proceso de tratamiento —incluida radioterapia y quimioterapia— la enfermedad volvió recientemente. Collins dejó una marca deportiva y social que trascendió la cancha.
El golpe de la enfermedad: diagnóstico, tratamientos y regreso a la vida pública
La familia comunicó que Collins murió después de una “lucha valiente” contra el glioblastoma. El equipo médico logró acompañar el proceso con terapias durante estos meses, y el propio Collins había contado en una carta abierta que la enfermedad le generaba síntomas importantes: dificultad para concentrarse, problemas para completar tareas simples por lo que describió como “niebla cerebral” y un deterioro de la memoria reciente.
Ese cuadro lo llevó a realizarse una tomografía computada en UCLA, donde se detectó el tumor cerebral. El glioblastoma es una forma de cáncer cerebral que se caracteriza por su agresividad y rápida expansión. Collins, además, venía recibiendo radiación para intentar frenar el crecimiento de la masa tumoral.
En paralelo, también pasó por quimioterapia en Singapur en una institución especializada en el tipo de tumor que tenía. Ese tratamiento habría mejorado su evolución lo suficiente como para que Collins pudiera volver a casa y asistir al NBA All-Star Weekend en febrero. Sin embargo, la enfermedad recayó “recientemente”, y finalmente Collins falleció en su hogar, acompañado por su familia.
Una carrera histórica y el impacto más allá del básquet
Collins se transformó en un referente y en un verdadero pionero en el deporte cuando decidió salir del clóset en 2013. Lo hizo a través de un ensayo publicado por Sports Illustrated, donde se presentó como gay. De ese modo, no solo se convirtió en el primer jugador activo abiertamente gay en la historia de la NBA, sino también en el primero a nivel de las cuatro grandes ligas deportivas profesionales de Norteamérica.
En la cancha, Collins se desempeñó como pívot y alcanzó los 2,13 metros de altura. Fue seleccionado en el puesto 18 del Draft de 2001 desde Stanford y desarrolló una carrera de 13 temporadas, jugando para seis equipos distintos. Su recorrido incluyó a New Jersey Nets, Memphis Grizzlies, Minnesota Timberwolves, Atlanta Hawks, Boston Celtics y Washington Wizards, además de un segundo paso por los Nets, franquicia que para ese entonces ya se había mudado a Brooklyn.
La declaración familiar remarcó el carácter humano de su figura: destacaron que Collins “cambió vidas” de maneras inesperadas y que fue una inspiración para quienes lo conocieron y también para quienes lo admiraron desde lejos. También agradecieron el acompañamiento recibido durante los ocho meses previos, tanto en forma de muestras de cariño como de oraciones, y el cuidado médico brindado por sus doctores y enfermeras.
El reconocimiento de la liga y lo que deja en el calendario social del deporte
El comisionado de la NBA, Adam Silver, subrayó que el impacto de Collins “se extendió mucho más allá del básquet”. En un comunicado, Silver afirmó que Collins ayudó a volver a la NBA, la WNBA y la comunidad deportiva en general más inclusiva y abierta para las próximas generaciones.
Además, valoró su liderazgo y profesionalismo durante sus 13 años de carrera, y también su trabajo constante como embajador de NBA Cares. En el mismo texto, Silver remarcó que Collins no será recordado únicamente por derribar barreras, sino por la amabilidad y la calidad humana que definieron su vida y que alcanzaron a muchísima gente.
Finalmente, Silver envió sus condolencias en nombre de la NBA a su esposo, Brunson, y a su familia, amigos y colegas en las distintas ligas.