En Cleveland, los Knicks de Nueva York están a un triunfo de barrer la Conferencia Este y meterse a las Finales de la NBA por primera vez en 27 años. Y no es un dato menor: durante estos playoffs de 2026, el equipo ya mostró que sabe cerrar series cuando tiene la chance.
En la primera ronda, los dirigidos por Tom Thibodeau (según el desarrollo de la nota) se impusieron en el Juego 6 en Atlanta por 51 puntos. En las semifinales de conferencia ante Filadelfia, también dejaron la marca temprano: en el Juego 4 llegaron a dominar por 20 tantos al final del primer cuarto y llegaron a sacar una ventaja máxima de 44.
De cara al Juego 4 del lunes (8 ET, con transmisión por ESPN), los Cavaliers deberían esperar lo mejor del ataque de Nueva York. Y, sobre todo, no pueden quedarse atrapados en la historia de los equipos que arrancan un 0-3: esta serie todavía tiene aire, pero ellos necesitan incomodar a los Knicks ya desde el inicio.
Porque si algo quedó claro hasta acá, Nueva York tiene capacidad de ganar cualquier noche. Su objetivo inmediato es mandar esta serie de vuelta a Nueva York y darle otro descanso largo antes de las Finales.
1) ¿El fuego ofensivo de los Knicks se mantiene?
En los 13 partidos de playoffs que llevan, los Knicks registran un porcentaje efectivo de campo (medida que pondera triples) de 59,3%. Es el mejor número de la historia para cualquier equipo en playoffs de la NBA.
Además, el salto respecto del año regular es grande: en la temporada regular, el equipo había quedado en 55,7% (noveno mejor registro). En esta postemporada, la cifra es aproximadamente un 13% superior a lo que se esperaría por la calidad de sus lanzamientos (52,6%).
La cuenta, para ubicar el indicador, es: porcentaje efectivo de campo = (conversiones de campo + 0,5 por cada triple convertido) / lanzamientos intentados.
En el detalle del sistema, OG Anunoby aparece con números muy consistentes: 27-53 en tiros de campo, con 51% de efectividad. Landry Shamet, por su parte, también viene con un perfil de tirador que convierte: 17-31, con 55% desde el aro. En ambos casos, superaron la mitad de sus intentos de triple.
Y si se mira el juego de ataque de Nueva York desde el lado medio, Jalen Brunson y Mikal Bridges suman 51-102 (50%) en dobles de “pull-up”, o sea, tiros en movimiento desde el bote sin necesidad de configurar una jugada larga.
¿Son números sostenibles en una muestra mayor? Claramente no. Pero en playoffs no hay tiempo para “esperar la regresión”: los Knicks llegaron calientes al momento justo. Les alcanza con un triunfo más para llegar a las Finales y, además, se volvieron muy cómodos atacando la defensa de Cleveland de distintas maneras.
Donde se ve un cambio interesante es en el blanco ofensivo. James Harden no queda totalmente afuera, pero Donovan Mitchell se transformó en el nuevo receptor preferido para el ataque de Brunson: en los últimos dos juegos, el jugador que Mitchell tuvo enfrente colocó 21 bloqueos de balón (ball-screens) para Brunson.
Con esa acción, los Knicks anotaron 25 puntos en 19 oportunidades (1,32 por chance) en los Juegos 2 y 3. El problema para Cleveland es que no puede esperar a que el acierto de Nueva York baje por sí solo: necesita encontrar una forma de volver incómodo el ataque de los visitantes, si de verdad quiere estirar la serie.
2) Cleveland necesita un arranque realmente bueno
El Juego 3 fue el primero de estos playoffs en el que los Knicks no fueron detrás en el marcador. Y, como se viene repitiendo, cuando Nueva York tiene la posibilidad de cerrar una serie, lo hace con ventaja desde temprano.
En particular, en ambos partidos de “close-out”, el equipo llegó a liderar por al menos 20 en el primer cuarto.
Ahí aparece el punto vulnerable de Cleveland: se ha visto perjudicado por inicios flojos. En 11 de sus 17 partidos de playoffs, los Cavaliers llegaron a estar abajo por dos dígitos. Y el Juego 3 del sábado fue el quinto caso en el que cayeron por doble dígito en el primer cuarto.
En el acumulado de estos 17 primeros cuartos, Cleveland fue superado por 7,1 puntos por cada 100 posesiones, un dato que explica por qué el equipo no puede regalar minutos si quiere recuperar terreno.
Ese problema se explica principalmente por la ofensiva: en esos primeros cuartos, Cleveland anotó 105,7 por cada 100 posesiones, pero con un costo alto en pérdidas—más de 20 turnovers por cada 100 posesiones.
Para los Cavaliers, otro arranque lento sería casi una sentencia. En la temporada regular, los Knicks tenían el tercer mejor récord (46-6) cuando iban arriba por doble dígito. Y en playoffs, cuando llegan a dominar por dos dígitos, van 10-1: la única derrota fue en el Juego 2 de la primera ronda.
3) ¿Cambio de quinteto para mejorar el techo ofensivo?
Si Cleveland quiere empezar mejor, tal vez tenga que ajustar desde el arranque. La nota plantea que el quinteto de los Cavaliers no había sido malo en los dos primeros juegos, pero el rendimiento no acompañó: en la serie, el equipo anotó apenas 69 puntos en 66 posesiones ofensivas, un promedio de 105 por cada 100.
En ese contexto aparece Dean Wade, que no sería el único responsable del bache ofensivo, pero sí se destaca porque tomó muy pocos tiros: apenas nueve intentos en 67 minutos. La alternativa que se menciona para elevar el techo de ataque es reemplazarlo por Sam Merrill, Max Strus o Jaylon Tyson.
De esos nombres, Merrill es el caso más particular en el dato: en conjunto con los otros cuatro titulares, jugó solo 32 minutos contando temporada regular y playoffs. Sin embargo, en esos minutos, Cleveland hizo 80 puntos en 66 posesiones ofensivas (121 por cada 100).
Merrill tuvo un Juego 2 complicado, con 0-7 desde el triple, aunque el sábado respondió: 2-4 desde el perímetro.
En defensa, Wade fue el defensor principal sobre Brunson. Y es lógico pensar que Brunson no tendría demasiado problema con jugar contra Merrill. Pero la nota suma un matiz: como Cleveland cambia pantallas con frecuencia, importa menos quién sea el primer defensor si el objetivo no es “pegar” a ese jugador al máximo anotador de los Knicks durante toda la acción.
En otras palabras, el ajuste de quinteto no solo sería para “mejorar números”, sino para modificar la dinámica: que el ataque de Nueva York no encuentre siempre la misma comodidad para encadenar ventajas temprano.